Con Sócrates se produce un giro en relación al pensamiento presocrático puramente cosmogónico, para centrar la reflexión filosófica en torno al hombre, en relación con los problemas del sentido de la vida política y de las acciones morales. Parte del hecho de que la moral consiste en vivir conforme a lo que la razón descubre como verdadero y bueno, es decir como justo, entendiendo que ese mantenerse justo toda la vida, solo es posible mediante el dominio de las propias pasiones desordenadas . Por esto que afirma que: “el mejor género de vida y el más conveniente, consiste en vivir y morir practicando la justicia y todas las demás virtudes.”
Así mismo sostiene que es imposible hacer el mal si se conoce el bien, ya que quien peca lo hace por ignorancia, de ahí la importancia de ayudar a los otros a clarificarse y a elegir adecuadamente sus líneas de acción, ya que si el hombre sabe que es el bien y que es el mal no puede ser vencido por nada ni actuar de manera distinta sino que la sabiduría lo guía para actuar según el bien “La razón es la encargada de guiar nuestros actos infundiéndole la conciencia del bien”. No existía una diferencia nítida entre virtudes sino que cada una de ellas implicaba necesariamente a las otras, quien actuaba con valentía era justo y bueno y viceversa, de esta manera ve a la virtud como un conocimiento a diferencia del vicio que es comprendido como una consecuencia de la ignorancia.
Para Sócrates la moral no es un mero conocimiento teórico sino que incluye la fuerza de carácter que es la que permite dominar los impulsos y purificar el alma, siendo a la vez el motor de la acción y el faro que ilumina la meta a alcanzar. Hay que añadir a esto el carácter divino del alma y su inmortalidad, el alma es la esencia del hombre, es la razón que lo guía desde la interioridad. Estas enseñanzas fueron las que caracterizaron el estilo de vida de este gran pensador hasta el último momento de su existencia, reflejándose en el hecho de que al recibir su condena, por más injusta que era, decidió cumplirla aceptando la postura tomada por los jueces, a pesar de que algunos de sus discípulos hayan querido convencerlo de lo contrario y de escaparse para continuar con sus enseñanzas. Esta realidad queda manifiesta en dos de los textos más importantes escritos por Platón, su discípulo predilecto, La Apología, donde describe el juicio en contra de su maestro y El Critón, que narra cómo este seguidor intenta convencer a Sócrates en la cárcel mientras espera el cumplimiento de su condena.
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