Comúnmente cuando me preguntan ¿Qué es lafilosofía?... Suelo responder que es un saber simple y complejo a la vez, simple porque todas las personas podemos filosofar, desde el niño de cuatro años que cuestiona a su madre por todo lo que lo rodea, hasta las personas de edad avanzada, pues la filosofía no es más que admirarnos, preguntarnos y llegar a respuestas claras. Y compleja porque nos exige detenernos, contemplar, analizar y reflexionar, sobre los grandes interrogantes que han preocupado y que preocupan a la humanidad, con la finalidad de dar explicaciones racionales fundamentadas.
































lunes, 13 de febrero de 2012

El Siglo de Oro Ateniense

 
         El siglo  V a. C, es considerado como el siglo del esplendor griego, al alcanzar Atenas, su apogeo en diversas manifestaciones culturales, sociales y políticas, llevadas a cabo durante el gobierno de Pericles, quien fuera uno de los más importantes  estratega  y político atenienses. Atenas se transforma así en la principal polis del mediterráneo, debido a que  con la instauración de la democracia directa, la participación ciudadana, y el desarrollo del comercio, se  fomentó  el desarrollo de las artes y las letras sentando las condiciones ideales para el florecimiento del teatro, la poesía, la escultura, la arquitectura, y la filosofía,  que le otorgaron  un resplandor que no se ha repetido en la historia.

         Durante este gobierno, se modifica la política interior, al fortalecer la constitución democrática, ampliar los poderes de la asamblea y del jurado popular, permitir la participación de los proletarios en la magistratura y desarrollar la conciencia ciudadana, como así también la política exterior, al producirse la dominación de otras ciudades-estado. Ante esta situación particular, se establecen en Atenas un gran  grupo de intelectuales, que buscan formar al ciudadano para la participación en la vida pública y política, a través del buen dominio de las leyes  y las habilidades de oratoria.

Estableciéndose de esta  forma los Sofistas, que eran considerados como maestros itinerantes, quienes a cambio de algunas retribuciones o recompensas, enseñaban muchas y variadas habilidades,  entre las cuales se resaltaba su capacidad de actuar como consejeros sobre diversos  temas. Dada la importancia de la argumentación y la participación en la vida pública, en asambleas y ante los tribunales, la habilidad retórica era muy preciada, por lo cual estos intelectuales eran muy solicitados como instructores a la  hora de presentar un caso de la manera más favorable posible. A diferencia de los filósofos Presocráticos, los Sofistas no creían en el ideal de una verdad absoluta, sino que priorizaban el concepto de utilidad llevando a un escepticismo y a un relativismo subjetivo, que queda de manifiesto en la frase más importante de Protágoras, el más famoso de los Sofistas, quien afirmaba que  “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no  son”, en el sentido de  que todo  aquello que la persona concibe o percibe como  verdadero, es verdadero solo para esa persona, nada puede ser absolutamente verdadero sino en relación con un determinado individuo, por lo que es imposible la creencia de una verdad universal y absoluta.

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